Té blanco: ¿para qué sirve?

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Té blanco: ¿para qué sirve?
Té blanco: ¿para qué sirve?

¿Conoces el té blanco? ¿Sabes en que se diferencia del resto de variedades del té? ¿Conoces sus propiedades? Pues hoy vamos a dedicar unas cuantas líneas a hablar de este producto natural tan codiciado. Nuestra intención es conocerlo un poco mejor, ahondar en su historia y en su origen e intentar comprender por qué se está poniendo de moda en los últimos tiempos.

El té blanco presenta una lista de propiedades casi interminable. Algunos se atreven a asegurar que puede ser una de las variedades de té más beneficiosa. De hecho, se tiene conocimiento de que la cultura oriental lo empleada desde siempre como medicina para curar dolencias muy diversas.

Ya sabemos que el más demandado es el té verde, seguido del rojo. Sin embargo, el té blanco gana cada día más adeptos a pesar de ser más caro que el resto.

Propiedades del té blanco: una lista interminable.

La principal propiedad y la más conocida es su poder antioxidante y desintoxicante. El motivo es que hablamos de la variedad de té menos oxidada, por lo que sus nutrientes conservan todas sus propiedades. De hecho, se considera un buen producto antienvejecimiento, ya que repara y frena numerosos daños en el ADN de las personas.

También aporta beneficios a la estructura ósea, por lo que está muy recomendado para los que sufren artritis u osteoporosis. Por otro lado, es reconocido su poder sanador en dientes y encías. Y es que contiene flúor, un componente que nos ayuda a mantener una boca saludable. Además, tiene poder antibacteriano y es un buen aliado contra la halitosis.

Y, por encima de todo, destacan sus propiedades beneficiosas sobre la piel. El té blanco ayuda a reparar los efectos que provoca el estrés, el sol, la mala alimentación y otros hábitos poco saludables.

Pero la lista se amplía en este punto porque muchos están convencidos de su poder, a la hora de prevenir muchas enfermedades propias de nuestra época. Aunque no disponemos de estudios científicos que lo corroboren, conviene repasar algunas de estas facultades milagrosas que se le adjudican al té blanco.

Por ejemplo, el cáncer de colon, de próstata y de estómago. También destacan su eficacia para combatir las afecciones cardiovasculares, ya que su consumo habitual ayuda a reducir el colesterol y los problemas de hipertensión. Por último, hay quien asegura que, entre sus propiedades, está la de prevenir derrames cerebrales.

¿Por qué el té blanco es la variedad más cara?

La verdad es que, simplemente por su larga lista de propiedades beneficiosas, bien vale ya su precio. Pero, la explicación es otra y responde a las condiciones extraordinarias en que se produce su cultivo y recolección, así como su proceso de preparación.

El té blanco es originario de la región china de Fujian y, según parece, para cuando se producen las mejores cosechas, la recolección se realiza únicamente en primavera y durante un cortísimo periodo de 15 días. El objetivo es aprovechar el mejor clima para hacerlo.

Por otro lado, se recolectan solo las yemas y las hojas tiernas y jóvenes de la planta del té, la Camelia sinensis, y se exponen al aire durante 2 ó 3 días para que se marchiten y se oxiden de una forma natural y lenta. De ahí el color grisáceo de este té.

La clave está en encontrar y saber combinar las condiciones meteorológicas adecuadas para conseguir el mejor resultado: si hubiera demasiada humedad en el ambiente las hojas se marchitarían muy rápido. Lo cierto es que, cuando se consigue el nivel deseado de oxidación, éste se frena con un secado al sol que dura pocos minutos.

Como puedes comprobar, el té blanco es uno de los más delicados y naturales que existen, de ahí su elevado precio. Se trata de un té que se recolecta sólo en una época determinada del año y se hace de una manera muy artesanal y específica.

Dentro del té blanco existen distintas variedades. La más preciada es la conocida como Agujas de Plata, hecha sólo a base de brotes (sin hojas). Mientras, hay otras variedades como el Pai Mu Dan que se hacen a base de brotes y las dos primeras hojas de la planta.

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